Lo que sigue es una transcripción de uno de los directos que hicimos durante la crisis del Covid-19 en Instagram desde Crearte Coaching. Si quieres ver el vídeo para saber cómo prevenir conflictos, puedes hacerlo en el enlace a Instagram o a YouTube.

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Este directo se llama “Cómo prevenir los conflictos en esta cuarentena”.

Ahora bien, ¿entendemos todos lo mismo por “conflicto”?

Si preguntáramos a distintas personas cómo podemos saber que existe un conflicto, habría distintas respuestas en función de lo que cada persona interpretara como evidencias de un conflicto, como lo que se ve desde fuera para poder decir que sí, que ahí está sucediendo algo y que eso parece un conflicto.

Por eso la parte subjetiva es fundamental en este tema.

Y es que no todas las personas viven igual el conflicto.

Por ejemplo, para ti, ¿qué supone tener un conflicto?, ¿qué emociones te genera?,  ¿qué pensamientos?, ¿qué comportamientos?

Es posible que tu respuesta sea “bueno, es que depende del conflicto”, sin embargo, es posible que haya aspectos comunes cuando sientes que tienes un conflicto, por ejemplo, podría ser ese estado como de nerviosismo, ese “comerte la cabeza” sobre lo que sea que haya sucedido (es lo que se denomina “rumiación de pensamiento”) o puede ser un movimiento repetitivo que te impide estar quieto o inactivo (como estar moviendo la pierna o estar jugando con algo en la mano) o ninguna de las anteriores.

 

Para aclararlo algo más, vamos a ver algunas características del conflicto:

  • Por ejemplo, dice el refranero popular que no hay conflicto si uno no quiere, sin embargo, puede existir conflicto a pesar de que no lo consideren así las dos partes. Y es así porque existe conflicto aunque una de las partes ni sepa que hay otra parte que siente que tiene un conflicto.
  • Además, el conflicto supone que las posiciones, intereses, necesidades, deseos o valores de las partes son incompatibles o percibidos como incompatibles, (por ejemplo, uno quiere ver un programa en la televisión y otro quiere escuchar música y sólo hay un lugar compartido para hacerlo).
  • Y donde juegan un papel importante las emociones, los sentimientos, las creencias, las expectativas, en definitiva, el conflicto es una experiencia subjetiva.
  • Y podemos tener conflictos con nosotros mismos, que se llama intrapersonal y también puede existir conflicto con otras personas, circunstancias o entornos.
  • Y por último, la relación entre las partes en conflicto puede salir fortalecida o deteriorada en función de cómo sea el proceso de resolución del conflicto.

 

Esta situación de cuarentena implica que pueden darse distintos tipos de conflictos al mismo tiempo y eso puede generar un clima de tensión y un ambiente muy cargado.

La buena noticia es que puede rebajarse aplicando algunas sugerencias.

Decía el psicólogo Jung que “Cuando una persona no toma conciencia de sus contradicciones interiores, la realidad forzosamente representará el conflicto”.

Es una cita que describe el conflicto intraindividual, en el que  existen demandas incompatibles de un mismo rol o de roles distintos en la misma persona, por ejemplo, cuando nuestro rol profesional choca con nuestro rol familiar o a la inversa.

Es lo que puede estar pasando para algunas personas en las que además de estar teletrabajando, tiene personas a su cargo o las dos cosas a la vez y cuando hace frente a los dos roles, el personal y el profesional, les está suponiendo un conflicto porque sienten que no alcanzan a hacerlo y que no están logrando complementar esas dos facetas.

Se hace evidente cuando nos decimos o compartimos frases como “es que no llego a todo”, “no hago bien ni una cosa ni otra”, “mi jornada laboral se alarga más que antes” y “me faltan horas en el día” y otras…

Ahora, ¿qué pasaría si le decimos a nuestra parte perfeccionista y autoexigente que nos dé permiso de ser más flexibles, de premiarnos por lo que hacemos no de castigarnos por lo que no hacemos?

 

Tenemos argumentos:

  • Primero, ¿quién nos dice que “tenemos” que llegar a un determinado nivel? ¿quién nos marca la expectativa de que tiene que ser así? Como estamos hablando del conflicto con nosotros mismos, es que depende de nosotros, por lo que podemos darnos permiso y cambiar ese nivel si queremos hacerlo.
  • Además, estamos en una situación excepcional y eso requiere de comportamientos extraordinarios, eso es que se salen de lo ordinario, de lo cotidiano y podemos tener un nuevo nivel de exigencia adaptado a las circunstancias.
  • Y si nos preguntamos, ¿cuándo funcionamos mejor? ¿qué puedo hacer para tener ese estado en el que siento que soy mi mejor versión? Conectar con nuestra parte de seguridad, de confianza, entender el error como oportunidad de aprendizaje, con el agradecimiento por todo lo que hago, si nos premiamos en lugar de castigarnos, surge algo interesante y es que el conflicto con nosotros mismos se apacigua y el que podemos tener con otros, el que sucede por ejemplo con la otra persona o personas con las que estamos conviviendo, también se reduce, ¿y por qué?

Porque si aplicamos la flexibilidad para nosotros mismos, estamos más en paz, serenos o contentos, sonreímos más, usamos el humor, en definitiva, dejamos de estar enfadados con el mundo y con esta crisis.

En este sentido, igual que os comentaba en el anterior directo, es fundamental entender cómo procesamos la información cuando nos enfrentamos a la vida, pero especialmente frente a un conflicto, porque procesamos a través de nuestra particular manera de ver e interpretar el mundo, cada uno desde su mapa, pero agudizamos nuestros sentidos y focalizamos en lo que nos afecta e interesa, por eso, en una situación de conflicto dónde pongamos el foco puede modificar el propio conflicto y su tratamiento.

Dice Wayne Wyer que “si ELIGES la forma en que miras las cosas, las cosas que miras CAMBIAN”.

Ahora bien, ¿son los conflictos buenos o malos en sí mismos?

Realmente no, necesitamos de los conflictos porque nos ponen en jaque, nos hacen pensar, nos sacan de nuestra zona de confort y nos hacen aprender y avanzar.

Lo que pasa es que igual que ocurre con las emociones, si son funcionales, nos ayudan a crecer y si son elevados lo sentimos como inabarcables y por tanto nuestros resultados ante el conflicto son peores porque no nos sentimos capaces de enfrentarlo.

Como hemos dicho, el conflicto es una experiencia subjetiva y como tal, puede variar según cómo elijamos estar frente a lo que nos supone un conflicto.

Por ejemplo en esta crisis y suponiendo que somos de los afortunados que “sólo” estamos confinados y que estamos bien. No está en nuestra mano directamente evitar todo lo que está pasando a nivel mundial, pero sí que puedo elegir cómo quiero tomarme el confinamiento, cuáles quiero que sean mis prioridades, cómo quiero estar, qué me quiero permitir, cómo lo voy a aceptar, etc…

 

Todo lo dicho es aplicable para nosotros mismos, pero y el conflicto con las otras personas, ¿cómo puedo prevenirlo?

Empezando por una premisa: tener razón es como el azúcar, nos gusta pero si la queremos toda para nosotros, nos hace daño.

Y ¿para qué queremos “tener razón” o que nos den la razón?

Puede haber múltiples respuestas a esta pregunta, pero es posible que haya un factor común, y es que si tenemos razón nuestro mapa, esa representación particular del mundo, se impone frente al del otro, y como es el nuestro, sentimos que es el mejor y el más adecuado y que los demás estarían mejor si entienden el mundo desde nuestro mapa. Sólo que la otra persona puede querer lo mismo y como se suma que durante esta cuarentena posiblemente estamos con las personas que más nos importan y que más nos conocen, todo nuestro afán por la razón se multiplica y si la otra persona está en ese mismo lugar, nos podemos enrocar en un conflicto.

Y ¿cómo podemos salirnos de ahí?

Pues una de las maneras en centrarnos en los intereses que ambas partes tienen en común para no enrocarse con lo que tienen de diferente.

En la cuarentena puede haber muchos intereses en común con las personas con las que convivimos: desde tener una convivencia pacífica a disfrutar de estar juntos pasando por aprovechar el máximo el tiempo individual, etc…

Y si entendemos que gestionar las diferencias es gestionar problemas y respetamos que lo que nos diferencia son mapas distintos que no son mejores o peores, sino que son los de cada persona, tenemos mucho camino hecho para prevenir los conflictos y para resolverlos en caso de que se produzcan.

Ahora, no todas las personas se enfrentan igual a los problemas, algunos los ignoran, otras los tratan irracionalmente y otras lo intentan desde la razón.

Por ejemplo, imaginad que en una familia los padres, madres, responsables, tienen una manera distinta de llevar esta situación frente a sus hijos o hijas:

Podrían ocurrir varias situaciones:

  • que la persona no luche su manera con tal de que se resuelva el problema (atenuación).
  • que la persona pierda los nervios y fuerce que se llegue a una decisión impuesta. (Imposición).
  • que la persona traslade el problema a la otra parte para que lo resuelva (evasión).
  • que se entienda que el problema es mutuo y se resuelva buscando cubrir los intereses de todos los implicados (solución de problemas).
  • que no se llegue a un consenso y se entre en una negociación para alcanzar una solución. (Negociación).

Lo ideal sería llegar a esa situación en la que se solventa el problema satisfaciendo las necesidades de todas las partes, sin embargo, no siempre es así y la manera en que pasamos a negociar a veces no es la adecuada porque nuestra  comunicación se altera y nos enrocamos en una posición para tener razón en lugar de ver esa zona común de intereses.

Una manera de hacerlo es siguiendo el modelo de Comunicación No Violenta de Marshall B. Rosenberg.

Os voy a invitar a algo, podéis coger algo para escribir y hacer la práctica que os propongo. Recordad que este directo lo encontraréis en mi stori en Instagram y también en el canal de Youtube de Crearte Coaching, por lo que si ahora no te diera tiempo, puedes volver a verlo más adelante:

  1. Piensa en alguien con quien tengas un conflicto, puede ser que sea durante la cuarentena o no.
  2. Imagina que hablas con esa persona y decides serle sincer@: ¿qué le dirías? Escríbelo. Si ya lo has hecho, escribe lo que le dijiste.
  3. Mira lo que has escrito y si hay algo que la otra persona pueda entender como una crítica, un echar la culpa o un juicio por tu parte, y despúes, señálalas.
  4. Ahora rememora observando (sin evaluación, ni juicio), lo que está detrás de sus palabras, ¿cuáles son realmente sus necesidades?, ¿cuáles crees que son? Apúntalas.
  5. Y tú, ¿cómo te sientes con lo que te ha hecho/dicho? Escríbelo.
  6. ¿Qué necesidad tuya dirías que no ha sido satisfecha?
  7. ¿Qué te gustaría que hiciera para que estuvieras mejor?
  8. Y ahora sintetiza lo que le dirías siguiendo el siguiente esquema:

“Cuando haces (o dices) ……………………………….(conducta),

me siento ……………………………………………………. (sentimiento)

porque necesito ………………………………………..…………(necesidad)

y si estás de acuerdo, me gustaría que …………………….. (petición)”.

 

Compara lo primero que escribiste con este último enunciado, ¿con cuál de los dos crees que obtendrás resultados más eficaces y duraderos?

 

Os pondré un ejemplo:

Desde la evaluación/juicio/culpa:

Eres muy desconsiderad@, parece que sólo piensas en ti y que no te importan los demás.

Desde la observación y la exposición de sentimientos y necesidades:

Cuando me dices qué vamos a hacer algo y no me preguntas si estoy de acuerdo… me siento frustrad@ porque necesito sentir que tomamos las decisiones junt@s y  me gustaría que antes de tomar una decisión, la consensuáramos l@s dos.

 

Hablar desde este lugar genera lo que en PNL se denomina “Rapport” (compenetración con la otra persona), que implica una relación basada en el respeto y en la que existe una influencia mutua.

Comunicarnos desde el interés sincero y abierto, ser capaces de entender otro punto de vista y lo más difícil, hacerlo sin juzgar al otro, nos dará herramientas para gestionar los conflictos, pero sobre todo y más importante, para prevenirlos.

 

En este sentido, decía Gandhi que “no hay que apagar la luz del otro para que brille la nuestra”.

Y por último, a veces confundimos persona de problema porque creemos que la persona es el problema, sin embargo, una cosa es la persona y otra cosa el problema que está ocurriendo. Por ejemplo, el problema puede ser no ponerse de acuerdo entre ver la televisión o escuchar música, no que una persona quiera una cosa y la otra quiera otra diferente. El interés común es estar juntos en la misma estancia de la casa estando ambos a gusto, por lo que puede lograrse hablando juntos de qué manera eso sería posible: con auriculares para cada uno, haciendo un rato cada uno lo que al otro le apetece, teniendo horarios o cualquier solución que se les pueda ocurrir.

Y hasta aquí este directo. No quiero irme sin transmitir todo nuestro apoyo y solidaridad para todas las personas que están pasando momentos especialmente complicados.

Gracias y hasta la próxima semana.

YMS, 06/04/2020.