Mi experiencia

“Creando Sinergias” también fue fruto de uno de mis momentos profesionales más emocionante, valiente y transformador que he vivido.

Acababa de saber que por fin iba a formar parte de un ERTE, un “Expediente de Regulación Temporal de Empleo”, que implicaba dejar de ser Directora de Formación para lanzarme de lleno en lo que llevaba preparándome desde hacía un par de años: ser Coach profesional.

Me había formado en la prestigiosa CTI (The Coaches Training Institute), un referente en el sector del coaching y liderazgo con sede en California. Ya había hecho la formación, la certificación y sólo me faltaba lanzarme a la aventura.

Ese mismo día que me notificaron la noticia me presenté al co-working en el que quería empezar mi andadura y al día siguiente llegué con mi portátil, unos cuantos aparejos más y cargada, llena, pletórica de ilusión, ideas y ganas de empezar.

Abrir el portátil y disponer de una página en blanco en la que poder anotar todo aquello que llevaba años latente fue una sensación difícil de transmitir sólo con palabras, fue realmente emocionante.

Y hacerlo en un co-working con profesionales y empresas de todo tipo, tecnológicas, creativas, de comunicación, educativas, etc. era lo que necesitaba y había anhelado, no sabía cuánto, hasta que lo viví.

Y es que mis intereses son amplios, me gusta la ciencia, la tecnología, las humanidades, la filosofía, el arte, la literatura, el cine, la música y profesionalmente me costó horrores tener que decidirme por una cosa y en cuanto podía habría mi abanico y me adentraba en otras áreas, porque soy polivalente y multivalente, holística y ecléctica. Y en la aventura en la que me embarcaba, por fin, tenía hueco para experimentar y que se valorase como un añadido, el adentrarme en campos de mi interés profesional y personal.

Por eso, hice un proyecto educativo para un colegio que desde mi perspectiva tuviera lo necesario para responder a las demandas del futuro y como resultado de él, hoy formo parte del Consejo Asesor Pedagógico del Colegio Madrid, todo un orgullo para mí; escribí un libro para niños que está siendo ilustrado, hice mis primeros trabajos de Consultoría, Coaching y Mentoring y como me pasa cada vez que escucho mi esencia (o al menos desde mi experiencia), lo que tanto temía que me había tenido paralizada hasta ese momento, fue desapareciendo con las mismas dosis de naturalidad y sorpresa por mi parte.

Pero falta algo más… Y es que desde niña ya era observadora, curiosa, creativa, con facilidad para solucionar problemas, con espíritu crítico y con un fuerte apego por los valores (parte es propio y otro tanto de la herencia de la estupenda educación familiar que recibí y del Colegio Estudio en el que estudié), pero había algo que me frenaba y que se reflejaba en mi respuesta ante esa típica pregunta que te hacían los mayores “¿qué quieres ser de mayor?”, y atónita porque no supieran algo tan obvio, decía “sólo quiero ser normal”. Mi nombre, mis apellidos, mis orígenes, mi manera de sentir, vivir y ser me hacían sentir distinta hasta que desperté de mi letargo y supe que precisamente el valor de una persona estaba en lo que le hace diferente y que las sinergias surgen entre lo que nos une (la semejanza de la diferencia) y lo que nos hace únicos (la diferencia de la diferencia).

Y por eso, sigo creando sinergias…