Durante la crisis del Covid-19, desde Crearte Coaching hicimos directos en Instagram para convertir esos momentos en oportunidades de crecimiento. Lo que sigue es una transcripción, pero si queréis ver el vídeo de la historia que cuenta cuando el miedo se sentó a hablar con la mente a tomar el té, podéis verlo en el enlace a Instagram o en YouTube.

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Este directo se llama “tomar el té con el miedo”. ¿Y porque? Porque en la cultura japonesa la ceremonia del té implica una actitud de apertura, humildad y aprendizaje. Los que estéis familiarizados con la meditación sabréis que supone abrir la puerta, aceptar y honrar al invitado y en este caso, nuestro invitado es el miedo.

Y algunos podréis decir, ¡pero es que yo no quiero tomarme el té con el miedo, no me apetece nada, si lo que quiero es no sentirlo! Y seguro que en algún momento nos hemos preguntado: ¿por qué tengo miedo?

Bueno, pues ahí es justo donde quería llegar.

Lo primero que podemos hacer para empezar a gestionar nuestro miedo puede ser cambiar ese “por qué” por “para qué”.

¿Para qué tengo miedo? ¿A que ya cambia?

Y es que el por qué nos lleva al pasado, a buscar justificaciones y el para qué nos lleva al futuro y a encontrar razones por las que existe.

Y es que las emociones son el modo de llamar la atención y dirigir al pensamiento, al lenguaje y a las conductas hacia aquello que nos interesa.

Ya han dicho en otros directos mis compañeros y compañeras de Crearte, que aunque hay teorías diversas, podemos decir que hay cuatro emociones básicas: la alegría, la tristeza, el miedo y la ira. La clasificación de Paul Ekman, de las más extendidas, incluye también la sorpresa y el asco.

Cada una de estas emociones básicas tiene infinidad de matices.

Detrás de una emoción hay una necesidad, a veces es una necesidad satisfecha y en otras ocasiones no se cubre esa necesidad. Conocer cuáles son nuestras necesidades e identificar si realmente las estamos cubriendo o qué empleamos para satisfacerlas e incluso para taparlas, ayuda para comenzar a darles espacio a responder lo que en las teorías de la Gestalt son las necesidades básicas: amor, seguridad y libertad.

Y es que sí, el miedo, aunque a veces no nos lo parezca, tiene una función y aunque su efecto nos resulte desagradable, el miedo, es una emoción útil.

Y es que el miedo es como un continuo, hay distintos niveles de miedo.

esquema miedo

¿Cuándo hablamos de un miedo adaptativo o precavido?

Cuando nos avisa de peligros o nos pone en alerta.

Cubre una necesidad, la de seguridad. Nos genera confianza de que no nos va a pasar nada.

Por ejemplo, ahora, con el Covid-19, quedándonos en casa, yendo al supermercado sólo cuando es necesario, siendo precavidos siguiendo las recomendaciones oficiales.

¿Y cuándo deja de ser útil? Cuando el miedo toma el mando, nos invade, nos desborda y se produce lo que se llama “secuestro emocional”.

Permitidme que lo explique con un poco de humor.

Por ejemplo, imaginad que somos una súper nave. Estamos volando y al mando está la mente, nuestra parte racional, pero de repente, vemos que viene un asteroide de frente y entonces el miedo toma el mando de la nave para salvarnos. ¿Por qué no se queda la mente al mando en esa situación? Imaginad lo que diría la mente: “uy, parece que viene un asteroide, y parece que va rápido y voy a calcular cuánto falta para que choque con nosotros”… y para cuando hayamos resuelto las preguntas, el asteroide ya nos ha chocado.

En cambio, el miedo actúa sin que tenga que actuar la mente, sólo para cumplir una función, que es salvarnos. Y salvarnos puede ser correr o quedarnos quietos.

Lo ideal es que en la nave se vayan turnando el mando y co-lideren en equilibrio mente, emoción y cuerpo.

Ahora, resulta que el miedo decide que se queda al mando, tenemos un desbordamiento emocional y se produce un secuestro del miedo. ¿Qué pasa entonces? Que el resto de nuestros recursos están al servicio del miedo, incluida la razón, que está fuera de sí buscando cómo hacer para salvarnos, porque es lo que manda el capitán, que en es el miedo.

Ahí, el miedo ya no es útil porque nos bloquea y nos limita. Como cuando estamos buscando información del coronavirus durante 24 h sin descanso para encontrar certezas en la incertidumbre, vaciamos los estantes del supermercado o compramos mascarillas que no precisamos.

Cuando está secuestrado no lo podemos manejar en ese momento.

Pero antes de llegar a ese nivel hay distintas maneras de gestionar el miedo. Como os he dicho antes, ser conscientes de su función ya es una primera manera de empezar a gestionarlo.

Y para que en nuestra nave haya co-liderazgos, hay una herramienta que es hablar con el miedo.

Me gustaría contaros una historia que escribí para un taller de cuando el miedo se sentó a hablar con la mente a tomar el té.

Os invito a cerrar los ojos y conectar con ella:

Y comienza el MIEDO diciéndole a la mente:

Tengo miedo y quiero expresarme y tú no me dejas, te pasas el día calculando y anticipando y me tienes maniatado y amordazado. ¡¡Te voy a arrasar para que puedas darte cuenta de que sirvo para algo y no soy tu enemigo!!

MENTE: ¡¡Pero Miedo, si eres una amenaza para mi felicidad!! Me tienes bloqueada, parada, eres más un problema que otra cosa. Estoy harta de que me pongas en esa tesitura de estar pensando en el “y si…” y en el “y si no”. ¡¡¡No te quiero en mi vida!!! ¡¡¡Entérate de una vez!!!

MIEDO: Pues te diré algo, menos mal que te tengo cogida y luego me lo agradecerás, porque conmigo estás a salvo. Te quedas donde ya sabes y conoces, ya lo controlas, siente que bien que estás aquí, sin nada que temer, no te arriesgues, no merece la pena tanto sufrimiento, tanta lucha y esfuerzo, para luego, ¿qué? ¿Otra desilusión más? ¡Yo sólo quiero cuidarte y parece que me odias!

MENTE: ¡No te aguanto más! ¡Te desprecio, Miedo! ¡Me das asco! ¿¿Qué tengo que hacer para que te calles??

MIEDO: ¿Realmente es eso lo que quieres, Mente, que me calle? ¿Quién te protegerá entonces? Estarías perdida sin mí. Te he salvado de múltiples riesgos y situaciones. No sé cómo puedes ser tan inconsciente.

MENTE: ¡Y yo! ¡Cuántas cosas me he perdido por hacerte caso! ¿Qué podría haber conseguido si no te escuchara y te sintiera agarrándome y no dejándome ser libre? Sí, es verdad que me ayudas, ¡¡pero tienes demasiada fuerza y a veces lo único que haces es ponérmelo más difícil, haces que pierda la confianza en mí, que me haga pequeñita, que sienta que no puedo, que hago el ridículo, que parezco una pedigüeña, que se van a burlar de mí, o me bloqueas en momentos de crisis, como ahora, y todo lo que llevo practicando en el último mes para estar calmada se me atraganta en la garganta cuando te escucho decirme que si no me estoy dando cuenta de lo bien que lo hacen los demás!! ¿Y de qué me sirve que me hagas todo eso?

MIEDO: Vaya, Mente,… lo siento, si te escucho bien parece que no te ayudo…yo no pretendo hacerte daño, pero realmente creo que te puedo ser de utilidad… al menos, eso he sentido muchas veces. Desde cuando eras pequeña te acompaño y creo que juntos hemos conseguido llegar hasta aquí mejor que si no existiéramos. Así que dime, ¿cómo puedo ayudarte? ¿Cómo necesitas que te hable y te trate para sentirte ayudada por mí?

MENTE: Necesito que estés ahí advirtiéndome, pero con respeto, sin machacarme ni amordazarme, sin crear una barrera entre lo que quiero y las capacidades que necesito para lograrlo. Por favor, Miedo, baja la barrera, ¿qué necesitas para confiar en que te escucho, en que sé que estás ahí para ayudarme?

MIEDO: Que no quieras que me vaya cada vez que aparezco…

MENTE: Pero yo necesito sentir que sólo estás en forma de red, pero que también confías en que sí puedo hacerlo.

MIEDO: ¿Y cómo sé que me escuchas si me ignoras? ¿Cómo puedo protegerte así?

MENTE: Te escucho, te tengo en cuenta, te valoro y sé que sin ti no podría vivir y te lo agradezco, sólo que también creo que puedo hacer lo que a ti te da miedo y eso no significa que no valore tu opinión.

De hecho, lo haré, poniendo atención a lo que me indicas, siendo más precavida. Por ejemplo, ahora que estamos en esta crisis, sé que me estás diciendo que no sea imprudente, que me cuide físicamente, que aprenda de esta situación y no baje la guardia. Y lo haré, ya lo estoy haciendo, ¿no me ves? Estoy aquí tomando un té contigo. Y me ha gustado hacerlo. Gracias, Miedo, por avisarme, pero también te pido que no me lo recuerdes tanto porque ahora lo que necesito es que dejes espacio a esa parte de ti que me permite actuar con cuidado.

 

Y tras esta historia os invito a un reto: crear vuestro propio diálogo interior entre vuestra mente y vuestro miedo.

Porque aunque ahora no nos lo parezca, esta crisis dentro de un tiempo formará parte de nuestro recuerdo.

Y en unos minutos quiero sumarme al aplauso para todos aquellos que están contribuyendo a solventar esta crisis. Gracias.

YMS, 31/03/2020.